Da igual el barrio, el distrito o el tipo de vivienda: cuando visitamos una casa antigua de Madrid, hay un problema que aparece una y otra vez, por encima de cualquier otro. No es la fontanería, ni la instalación eléctrica, ni el aislamiento térmico. Es la escalera. Un elemento que en su día se construyó simplemente para conectar plantas, y que hoy condiciona la accesibilidad de miles de viviendas en toda la ciudad.
Por qué ocurre esto
La explicación es sencilla: la inmensa mayoría de las viviendas antiguas de Madrid se construyeron sin ningún criterio de accesibilidad, porque ese concepto simplemente no existía como tal en la normativa de construcción de la época. Las escaleras se diseñaban para optimizar espacio, no para facilitar el paso de personas con movilidad reducida, y esa decisión, tomada hace décadas, hoy se traduce en peldaños altos, tramos estrechos y giros poco amables para cualquier persona que tenga dificultades para caminar.
Tipos de viviendas afectadas
Este problema no distingue entre tipos de vivienda: aparece tanto en pisos de bloques construidos en los años cincuenta y sesenta como en viviendas unifamiliares y chalets de la periferia madrileña, y también en fincas señoriales del centro con escaleras de gran valor arquitectónico pero poco funcionales para la movilidad actual. Lo que varía no es si existe el problema, sino su forma concreta: escaleras estrechas en unos casos, tramos con múltiples giros en otros, materiales delicados que requieren cuidado especial en otros más.
Soluciones disponibles
La buena noticia es que, sea cual sea el tipo de vivienda, existe una solución que no requiere una reforma estructural mayor. Una silla salvaescaleras se adapta al trazado exacto de la escalera, por complicado que sea, y para usuarios de silla de ruedas existe la alternativa de una plataforma salvaescaleras. En ambos casos, el anclaje se realiza sobre los propios peldaños, sin modificar la estructura del edificio.
Casos que ilustran este problema común
Hemos instalado en escaleras estrechas de bloques de los sesenta, en tramos con varios giros de viviendas unifamiliares, y en escaleras de mármol de fincas del centro, y en todos los casos el diagnóstico de partida ha sido el mismo: una escalera que en su momento no se pensó para acompañar a sus habitantes durante toda su vida, y que hoy necesita una solución adaptada a esa realidad.
Nuestra recomendación
Si tu vivienda antigua tiene una escalera que empieza a ser un problema, no des por hecho que no tiene solución antes de consultarlo. La experiencia nos dice que, en la inmensa mayoría de los casos, sí la tiene, y que el primer paso es simplemente pedir una visita técnica para valorar tu caso concreto.
Por qué merece la pena resolverlo cuanto antes
Cuando la escalera se convierte en el principal obstáculo de una vivienda, su efecto no se limita a la dificultad física de subir o bajar. Con el tiempo, condiciona qué plantas de la casa se usan, cuántas veces al día se sale o se entra, e incluso la disposición a recibir visitas o a mantener la vida social de siempre. Resolver este problema no es solo una mejora técnica, es recuperar el uso completo de una vivienda que, en el fondo, nunca dejó de ser apta para vivir, solo necesitaba adaptarse a quien la habita hoy.
Por eso insistimos tanto en que este problema, tan común en las viviendas antiguas de Madrid, tiene solución en la gran mayoría de los casos, y que posponer la decisión casi nunca hace que la situación mejore por sí sola.
Conocer que este problema es tan generalizado en Madrid también ayuda a quitarle dramatismo: no es un fallo exclusivo de tu vivienda, es una característica compartida por miles de casas de la ciudad, y hoy existen soluciones probadas y accesibles para resolverlo.
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